sábado, 14 de mayo de 2011

EL “LEGÍTIMO PSICOANALISTA”


El tratamiento psicoanalítico cura muchas enfermedades mentales, ayuda a vivir mejor a quien no es considerado como "enfermo" y es fundamental en la curación de enfermedades psicosomáticas. El paciente mejora notablemente con el tratamiento, en su vida, con sus relaciones sociales, su trabajo, su sexualidad, etc., más allá de que la curación sea o no el objetivo del psicoanálisis. El psicoanálisis abre y desvía la mirada clavada en el ombligo (que no es necesariamente sinónimo de consciente, sino una nueva manera de vivir, de actuar, de pensar con un saber no sabido) a una realidad futura ante la cual estaba ciego, es decir, sana el deseo.

El concepto de "legítimo psicoanalista" no es un ser, ni un estado, más bien tiene que ver por un lado con una decisión y por otro, con el cumplimiento de unos requisitos muy específicos, como son: estar en formación continua y permanente estudiando los textos de Freud; estudiar también a los científicos, escritores y psicoanalistas que 111 años después de la publicación de la Interpretación de los Sueños han sido los únicos que realmente han leído ha Freud: Lacan, el cual afirmó insistentemente ser Freudiano, pero parece que pocos quisieron escucharle; y Menassa, que recoge a Freud, a Lacan, y a Marx, sumando a su vez la poesía, como herramienta imprescindible para la escucha del psicoanalista, entre otras cosas. Lo que se sale de aquí es otra cosa, no digo ni bien ni mal, pero otra cosa diferente al psicoanálisis.

Otros de los requisitos son: estar en tratamiento psicoanalítico permanentemente, si trabaja hasta su muerte, hasta su muerte; escribir textos científicos y publicarlos; pertenecer a un grupo o Escuela donde lleve a cabo toda su actividad formativa; supervisar con un mayor...etc. Un hombre solo no existe, pero un “psicoanalista” solo, sin cultura, sin contacto con el mundo actual, el arte, la poesía, tampoco.
En cuanto a la práctica psicoanalítica debe estar marcada por los límites de la ciencia, sin embargo en su escucha debe ser posible combinar “cualquier” cosa con “cualquier” otra y eso lo facilita la poesía. Si los propios límites, si los prejuicios, si la moral y si la fantasía dificultan o empobrecen los resultados del trabajo, el psicoanalista debe psicoanalizarse más y mejor. Lo que no quiere decir que deba tener capacidad de nada, ni controlar nada, ni tener empatía de nada, ya que eso nos indicaría que no está haciendo el trabajo de formación y análisis que se le exige. Trabajar como psicoanalista no es cualquier cosa, es el único trabajo que exige la transformación del sujeto en formación.

Y a pesar de que sea un requisito legal tener la conformidad de las instituciones para desempeñar la labor, ningún título, ninguna “autoridad sanitaria” del estado tiene hoy por hoy el criterio para decir que un psicoanalista es un psicoanalista, porque están a años luz de lo que eso significa, porque si han leído una página de Freud la han leído mal y luego han ido diciendo que esas “porquerías” que se les ocurrió mientras leían es lo que dice Freud, porque el modelo de los estados no permite lo que exige el psicoanálisis: seres humanos, que vivan como mortales, que lleguen a alcanzar una cuota de felicidad a través del trabajo, el amor, las producciones sociales, etc. Producir para el estado personas que piensan más allá de sus modelos pone en riesgo su poder, por lo que si aceptan el “psicoanálisis” es a través de teorías que lo deforman a la justa medida de intereses económicos, políticos, narcisistas y egoístas. El psicoanálisis requiere cierta distancia, más no ignorancia de la ideología del estado, la familia, la religión y la moral.

El inconsciente no está en ninguna profundidad, y la asociación libre no es la catarsis, Freud la descartó como técnica hace muchos años. Yo creo que lo que nos deberíamos preguntar es: ¿vivimos aún antes del 1900?, ¿antes del 1867?, ¿en la época victoriana tal vez?. Tenemos mucho trabajo por hacer.

Susana Lorente.
Psicóloga-Psicoanalista

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